AMOR MÍO. Poema Reinaldo Miño Vaca. Quito, 8 de abril de 2006

 

 

                                                            

 

Amor, si, te confieso

que esta canción me brota

desde los asideros más profundos del alma, 

que palpita en mi sangre

con delicia y sin calma

como torrente amado

que domina y borbota.

 

Si, digo, dejo a un lado

mi centuria cercana

y surgen los linderos

de mi pasión temprana

con un aire de fiesta,

con gloriosa alegría,

con júbilo bullente

de sol en la alborada

yo vengo a saludarte

inundado de dicha

por darte las canciones

del corazón amante.

Tengo tan vivos los recuerdos

que quisiera cantarte,

por vividos de cerca,

con pasión infinita.

 

Fluyen mis pensamientos

desde el rojo cordaje

suaves como la brisa,

como el milagro abierto

de tu linda sonrisa,

con el fulgor que brota

desde tus claros ojos

y la sangre encendida

que hay en tus labios rojos

y solo así podría

talvez, amada mía,

hacer que tu hermosura

pinte mi poesía

con íntima ternura

evocando los años

de nuestra adolescencia,

cuando tu cabellera

anudada en tus trenzas

tendidas cual laureles

junto a magnolias frescas,

botones coronados

de impoluta inocencia

custodiaban celosos

el candor de tus pechos. 

 

Yo ví tu pelo suelto

como bruna cascada,

decorando la albura

de tu piel adorada

y no olvido el milagro

de tus ya quince abriles,

ni el tesoro cimero

al cumplir tus veinte años.

 

Fuiste la dulce reina

que tendría en mis brazos:

Yo bendigo la suerte

que me llevo a tu lado,

desde entonces proclamo

a mi buena ventura

y bendigo tus gracias,

tu sin par hermosura

a la que vivo unido

durante tantos años.

 

El amor nos ha unido

por siempre enamorados

tú eres mía, soy tuyo,

con infinito orgullo

puedo decir que te amo

desde que nos miramos

en el colegio amado

donde nos encontramos.

 

Vino luego el hogar,

florecieron los hijos

bendita seas, madre,

por tu constante amor

en los cinco retoños

fuiste tú el alma entera.

Sencillamente unidos

cosechamos la siembra

y enfrentamos los días

de tragedia y dolor.

 

Esposa incomparable,

querida compañera,

en lucha por la paz,

contra la guerra,

enseñando a los hijos

el amor a los pobres,

soñando con el pan  

para todos los hombres

y la amistad que anude

los pueblos de la tierra.

 

Dulces son los veneros

de nuestra adolescencia,

recuerdo los instantes

de juventud dorada

y siempre caminando

prendida la mirada

en un futuro lleno

de bienestar y paz.

 

Yo solo tengo, amada,

contigo primavera

quiero cerrar mis ojos

en tus amantes brazos.

Que vivan siempre frescos

nuestros perpetuos lazos

que el amor ha forjado

con tesón y paciencia.

De nuevo he de decirte,

con beso enamorado,

que solo tengo vida

cuando estoy a tu lado.

 

Abril 8 del 2006

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