En el Día de la Tierra. 5 de abril 2026
En el 2026 vemos con tristeza que el mundo sigue
debatiéndose entre guerras y fronteras; en miles de millones de años, aún no
hemos aprendido a convivir en paz.
Hoy, en el Día de la Tierra, comparto un poema escrito por mi padre en 1987. En
él vuelve a mirar al planeta como un solo espacio, sin líneas imaginarias,
donde el ser humano se hermana y convive en armonía con la naturaleza. Fiel a
su pensamiento, condena la división de la Gran Colombia y expresa su anhelo de
volver a ser una sola nación; y más allá, con toda América.
Este fragmento busca resaltar lo que, a mi juicio, recoge el pensamiento de
Reinaldo Miño Vaca: un luchador incansable por la convivencia pacífica.
En estos momentos difíciles para la humanidad, es necesario acercarnos como
seres humanos y procurar alcanzar el sueño que estos versos expresan, con la
esperanza de que algún día se haga realidad:
“No te permito el daño de la duda: solo el Amor del Hombre es mi verdad.”
(Les comparto el archivo con el texto completo del
poema para quienes deseen darse el tiempo de leerlo)
Entrada - Editar
Yo tengo un gran país desde el pasado
Cierto. Puedes decir que tengo un pequeño país
en el presente,
más tengo un gran país desde el pasado.
Es mío, tuyo i nuestro:
es i será tan grande como antaño, como siempre.
Fue mar i playa, pequeño asentamiento.
Primera historia de sedar la marcha, de aposentar
el fuego i las cocciones.
El humo fue señal de mis mayores:
móvil surco de la tierra al espacio.
Aquí estamos, decía, aposentados.
Fusión de tierra ya cocida,
forjada por la mano milagrosa del Hombre,
endurecida para que el fuego ni la quiebre, ni la dañe,
ni la disocie. Bullen en agua hirviente
los granos desgranados
o renace, suavizado i ardiente,
el choclo con su vieja i amada sonrisa milenaria.
Por donde nace el sol, vuelvo de nuevo
a ser tonante planicie siempre verde,
sombra de bosque inmenso, pisos de alas i lianas,
hojas i enredaderas.
I soy agua que se hincha en la ensanchada
dimensión del caudal americano
en su dulce matriz que va creciendo
hasta empujar al mar donde termina.
Sobre todo, soy hombre, porque todo país
es ser humano
que mide i determina su estatura.
Tengo un país ilímite.
El hermano, porque así le dijeron,
me niega la frontera
i yo niego la suya.
La verdad es que somos ilímites.
sin marca, ni púa o valladar.
Desde hace siglos, la tierra ha sido indivisible.
desde milenios, anduvimos de bosque en bosque
levantando aquí i allá la paz del aposento.
Con nuestras manos colectivas,
para el yantar común, fuimos sembrando
la chacra comunal, i aunque un viejo egoísmo
nos volviera rival del propio hermano,
supimos caminar i de repente
ya fuimos Huayanay, la golondrina
que vuela, nuevamente, de playa a cumbre.
Entonces fuimos cóndor,
luego, tauantinsuyu
-los cuatro puntos cardinales-
i entonces matria inmensa, continente.
Fuimos vieja siembra de piedra en Machu Picchu.
Y ahora, digo América, Nuestra América,
volcán todos los días, inmensa playa humana sin frontera
que sube hasta el Caribe i de repente,
somos cintura, Atlántico i Pacífico.
Nos volvemos pirámide i horóscopo:
País crecido, inmenso, ilímite:
Ya somos continente.
Aquí estamos, hermano, para que sepas
que queremos la paz para los hombres
i de nuevo los panes compartidos
i de nuevo en común las sementeras
i de nuevo el banquete colectivo.
I otra vez el amor,
la paz,
la vida.
Yo te amo nuestra América,
Patria siempre soñada, ya cercana.
Te espera nuestro Sol
viejo Dios de la paz i la amistad
entre todos los Hombres.
Tengo, es cierto, un pequeño país
que no tiene fronteras:
Porque se inicia en la mitad del mundo
i es para ti, hermano de cualquier latitud,
ven al tauantinsuyu, los cuatro puntos cardinales,
aquí proclamo el nuevo amor universal:
El hombre que camina a un futuro de paz i de sosiego.
No te permito el daño de la duda:
Solo el Amor del Hombre es mi verdad.
Reinaldo Miño Vaca, 15 de agosto de 1987

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